En el marco de unas jornadas celebradas en 2007 por Casal Lambda y Fundación Triángulo por primera vez tuvimos contacto con activistas lesbianas de Uganda y Palestina, entre otros países. Más allá de los resultados positivos del encuentro, las vivencias de cada uno de los invitados y sus experiencias nos sobrecogieron en diferente medida, pero con un denominador común: la discriminación e incluso la violencia contra personas LGBT es un hecho apabullante en muchos lugares del planeta, como sucede en Palestina y Uganda. Tras los recientes sucesos y la retirada de la invitación para participar en el Orgullo de Madrid a la ciudad de Tel Aviv, es imprescindible sumar elementos de análisis.
por David MartíNisreen Mazzawi. ASWAT. Palestina.
ASWAT es una asociación de mujeres lesbianas palestinas que trabaja en Israel y en Palestina, aunque se rige bajo las leyes de Israel, que son más liberales en cuanto a la homosexualidad. Esta situación no tiene relevancia para las mujeres que viven en los territorios ocupados de Palestina, porque no están bajo las leyes de Israel, sino sometidas a las del ejército israelí, no viven en una democracia. Mientras en Israel se goza de cierta libertad, para las mujeres lesbianas de Palestina la situación es totalmente distinta, tanto en el ámbito legal como en el social. Estamos hablando de una sociedad patriarcal en la que la mujer no tiene derecho ninguno a su sexualidad, así que a la homosexualidad aún menos. Por eso estamos luchando en varios frentes que son tabús: la sexualidad femenina como tal y la identidad sexual. La diferencia entre gays y lesbianas está en que los hombres tienen más libertad de movimiento desde que nacen, independencia, trabajo y facilidad para escapar de su familia, por lo que pueden vivir su homosexualidad en cierta libertad. En cuanto a las lesbianas palestinas y del mundo árabe en general, se ven sometidas como mujeres a la disciplina de sus padres, hermanos y de la familia. No pueden salir sin permiso y se les restringe el acceso a los estudios. A pesar de todo, en los últimos diez años estamos evidenciando un cambio en el mundo árabe, con pequeños grupos que se están organizando como ASWAT, que se fundó en 2002, el centro gl en el Open House israelí, y desde hace unos cuatro meses se ha fundado un grupo de mujeres en Líbano. Pero la mayoría de colaboraciones individuales no se hacen de forma abierta y las redes que se crean no son públicas. En el caso de ASWAT, que mantiene una viva actividad, ha publicado en el último año el libro “Hogar y exilio, encontrando un espacio en la experiencia queer”, único material de este tipo en árabe, y se está preparando un segundo trabajo que quiere ser una recopilación de experiencias personales de mujeres lesbianas palestinas y árabes. El objetivo de estas publicaciones y del propio grupo es así conseguir un cambio de actitud en el mundo árabe hacia la homosexualidad.
Kasha Jacqueline Nagagesera (foto). Coalición de Lesbianas Africanas. Uganda.
Es la única organización de lesbianas en Uganda, y se encuentra con una terrible oposición por parte del mundo musulmán que la envuelve, y que incluso se ha manifestado en su contra. En su país existen penas de cárcel para quien sea sorprendido manteniendo relaciones sexuales públicamente, pero sólo se aplica en el caso de los homosexuales. También se les expulsa de la escuela e incluso se practican detenciones en domicilios privados si se sospecha de la homosexualidad de quien viva allí. Además, son comunes los matrimonios forzosos, ya que no se entiende que una mujer pueda seguir soltera más allá de los 25 años. En esos matrimonios, las mujeres sufren mucha violencia y violaciones continuadas que pretenden ser “curativas” y que pueden protagonizar maridos, hermanos o primos, normalmente bajo órdenes de los patriarcas de la familia. Los crímenes de odio son comunes y se basan en el supuesto de que las lesbianas quieren destruir el sistema social existente y temen perder su poder. En julio, cuatro mujeres fueron violadas y asesinadas en Sudáfrica por ese motivo, una situación que las empuja en muchos casos a la prostitución, el alcohol y la marginalidad. Por eso la asociación a la que representa es sólo para mujeres, porque para generar las corrientes necesarias para los cambios que se necesitan, primero tienen que crear un espacio de diálogo y de apoyo entre ellas. Una campaña pública ha sido un primer paso, pero la gente que se interesó por la asociación ha sido fichada, perdido su trabajo y objeto de violencia. Pero no se rinden, y una nueva iniciativa se puso en marcha a finales de octubre dirigida a la lucha contra el sida en Uganda, aunque no sabemos aún si consiguió realizarse. Los medios de comunicación gubernamentales y privados hacen oídos sordos a sus actividades y reivindicaciones, limitando su posibilidad de informar y crecer. Kasha abrió una demanda contra el gobierno por la violación de sus derechos al ser identificada como lesbiana, lo que la llevó a abandonar el país. Su familia lo sabía desde hacía años, pero no aceptaron su activismo y la echaron de casa. En ese momento, su vida corría peligro porque era conocida públicamente como lesbiana y una organización la escondió y becó para ir a estudiar a Sudáfrica. Pero no quiere seguir escapando, y va a volver a Uganda, a su hogar, a pesar del riesgo de ser detenida o asesinada.



Tras la decisión de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de no admitir la carroza del Ayuntamiento de Tel Aviv en el desfile del orgullo de Madrid 2010, se plantea una importante duda: ¿El hecho de que ésta ciudad no condene un ataque del ejército israelí a la llamada ‘flotilla humanitaria de la libertad’ es suficiente motivo para excluirla de su reafirmación como espacio de libertad para gays y lesbianas en el Oriente Medio?





